jueves, 26 de marzo de 2009

El canon digital






Seguro que mis cantantes favoritos me comprenden si digo que me parece injusto tener que pagar el canon digital. A quien, en todo caso, tendría que que pagarles ( en especie) es a los pájaros, que cuando acuden a comer la fruta, se asustan del reflejo del sol o del suyo propio...

lunes, 23 de marzo de 2009

Nueve días de sol
















Entre las primeras fotos y las últimas, hay nueve días de diferencia: Los primeros botones del cerezo, deseando romper, pero totalmente desamparados; las primeras brevas, sin hojas alrededor, sin protección alguna, anunciando el futuro...Solamente el naranjo muestra fruto y el ciruelo las primeras flores. Pero, hoy, las flores todo lo llenan, alegrando nuestro corazón.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Mis alumnos de 2º de Fútbol Sala


Ahí están. Y permanecerán en mi corazón, viendo pasar el tiempo.
Han sido mis alumnos de tres horas a la semana, cada martes...
A una mujer mayor, como yo, metódica y acostumbrada a acostarme temprano y cenar a las siete de la tarde, el horario, de siete a diez, me partía por el eje. Y me descontrolaba.
Pero todo lo que tenía de malo el horario, lo compensaban ellos con su excelencia. No solamente por el número, que es fácil dar clase a poca gente, sino por su calidad como personas. Su esfuerzo y sus ganas de hacer las cosas, aun después de un trabajo agotador cada uno en lo suyo. Porque no era más pesado el trabajo de Ibán que el de Marnotes, ni el de éste que el de Quique o Luis: cada uno de ellos llegaba a mi clase después de su jornada laboral. Y no buscaban disculpas para no venir: llegaban cuando podían, siempre disculpándose y con una sonrisa.
Fué un lujo y un privilegio ser su "profe". Se lo he dicho de palabra, mirándolos a los ojos, como se dicen las verdades que nos llenan el corazón. Pero quiero que ésto quede aquí, después de la despedida que hemos "celebrado" ayer, aún cuando hemos quedado citados para el mes de mayo, en Paradela. Sin prisas y sin trabajo. Hasta entonces, Quique, Luis, Ibán, Marnotes y Jorge, sabed que me habeis hecho sentirme bien durante todo el curso y, con todo el corazón os deseo que aquellos a los que enseñeis en el futuro, os hagan sentir lo que vosotros me habeis hecho sentir a mi.

martes, 17 de marzo de 2009

Y si yo

Uno de mis primeros "y si yo" fue hacer el techo de madera de la salita, después de ver cómo hacía un artista que me dejó plantada con las cosas a medias.
No puedo decir que fuese un trabajo difícil: la madera era machiembrada y las puntas quedan ocultas por los listones, porque se clava desde arriba en cada listón.Tampoco es demasiado problemático que los cortes no estén bien hechos, porque quedan igualmente ocultos. Fué gratificante por la novedad, pero no meritorio.
A ese trabajo le siguió el encintado de paredes de piedra, que me resultó complicado, tanto porque tuve que aprender a hacer la masa como porque tiene varias complicaciones añadidas: rellenar las grietas, introducir la masa, pasar la esponja y, posteriormente, barnizar con barniz para piedra, que me producía unos colocones la mar de "molones"...
Tanto me entusiasmé con los aprendizajes que decidí comprar la casa de al lado, para ir haciéndola sin prisa (salvo la planchada del tejado , la del piso y el tejado, el resto lo hice todo yo).
Y entonces, me compré un prado, del que otro día contaré la historia.
Y entonces me dije: "siempre soñé con tener un caballo. Si no me lo compro ahora, ya no podré tenerlo nunca porque me lo impedirá la edad"...Y, yo, que le tenía miedo a los caniches pocos años antes, hice que el Cuco formase parte de mi vida cotidiana...

viernes, 13 de marzo de 2009

Selenita o lunática






Para que veais que no miento. Las fotos son de esta mañana, cuando, como cada día, fuí a abrirles la puerta a los caballos.


El sol, ansioso de salir, por llegar a Paradela.


La luna, resistiéndose a dejarla...


También yo, cada día, me resisto a dejarla, por una horas, para ir a trabajar a la ciudad.



¿Qué podeis reprocharme, si hasta el sol y la luna me secundan?

martes, 10 de marzo de 2009

La Cueva de Mairena

La semana pasada, alguien a quien acabo de conocer hace poco, dedicó una entrada a Paradela de Coles. Y, a través de ese título, habló de todos nosotros: de los que, por medio de un blog mandamos pensamientos fuera, sin saber nunca quien los va a encontrar, cómo los va a acoger o qué le harán sentir.

Y de todas las dudas que se non plantean de recepción de otros y de entrega de nosotros mismos, porque nunca sabemos donde está la línea que marca el "hasta aquí".

Supongo que ese planteamiento nos lo hacemos más los mayores, los que nos hemos educado en un espacio relacional y social donde es posible ver la cara y escuchar la voz. Ver expresiones y controlar silencios de interlocutores presentes en nuestro entorno. Porque todos sabemos si metemos la pata ante la expresión de otro, ante una sonrisa forzada o una cara que evidencie disgusto. Y, entre las personas físicas existe además una química que aquí no hay. Hay gente atractiva por su físico, o por su olor, o por su forma de vestir o de peinarse. Hay personas insufribles por la estridencia de su voz o por una nimiedad como una mancha de grasa en la camisa...

Sí, francamente, ésto nos resulta desconcertante a veces.

Pero, a mi me compensa.

Yo no vine buscando amigos. Tengo amigos. Pocos, porque no me prodigo y porque si se me necesita quiero responder y si tuviera muchos no podría hacerlo.La gente a la que quiero, lo sabe y yo sé quién me quiere.

Yo entré por hablar de Paradela, porque no sabía si podría hacer la Página web de la aldea y me gustaba la idea de que si hay gente por esos mundos que haya estado o vivido en la aldea, reciba, desde ella, noticias. Luego empecé, sin casi darme cuenta a hablar de los niños, de los animales, de la vida...y me gustó. Llevo toda la vida escribiendo, pero para mi misma. y de repente, tuve "público"...el día que puse el contador de visitas casi estuve tentada a partir de mil, por si acaso no entraba nadie. Cuando lo miré al día siguiente, me dió un poco de vértigo.

Primero encontré a mi familia, arropándome y, enseguida, llegó Mariana. Y fue curioso, porque, hablando en familia, decíamos "dijo Mariana..." como si fuera parte de nosotros. Y, ahí sigue Mariana.

Otros se han ido, despidiéndose, y los recuerdo más de lo que ellos imaginan. Otros sin despedirse y me han desconcertado, porque no sé si ha sido culpa mía.

Pero, como el zorro, también he ganado por el color del trigo...
Y, a Paradela de Coles, más tarde, ha llegado Diego. Sintiendo, en muchas cosas, como yo siento; dibujando como ya me gustaría; escribiendo con facilidad; compartiendo una cueva, en la que a veces entra. Y poniendo en su blog una foto de Paradela de hace algún tiempo en la que se ve, en un tono blanquecino el inicio de la cuadra de mis caballos; en un verde oscuro (asquerosito), el agua de la piscina en el invierno (hay otra, más al norte que la mía, con agua limpísima); en línea de tejado mi segunda casa (el casino, le llamamos, porque hay juegos) y, en fin, mi día a día.
Y yo, Diego, amigo, porque has dado a conocer este lugar que amo, me sentaré a la puerta de la cueva hasta que tu decidas , Principito, que la amistad ya está madura.

jueves, 5 de marzo de 2009

Mi Paradela amada ( y si yo...)

El antes y el después del que os hablé hace días, no se refieren solamente a mi aprendizaje de la vida del campo.
Esa es una de las múltiples facetas del cambio. De mi cambio.
Que comenzó con un ataque de "amor propio" y se ha ido transformando en un aumento de autoestima.
Allá por 1970 saqué el carnet de conducir y tuve un profesor de autoescuela que fue un mentor para toda mi vida. El primer día de la práctica, todo me salió bien. El profe me aplaudió a rabiar, me llenó de piropos y me motivó a base de bien.
Ay, pero llegué al día siguiente y, no sé si por un exceso de confianza o porque tenía el día tonto que todos tenemos derecho a tener de vez en cuando, todo me salió al revés. Todo.
Y , cuando llegamos a mi casa, apeándome del coche le dije." Bueno, ya ve que ésto no es para mi. Lo dejo". Se bajó del coche él también y me dijo " Acaba usted de darme la mayor desilusión de mi vida. Cada día enseño a personas sin ningún tipo de preparación que sacan su carnet a base de esfuerzo y empeño. Usted, que tiene una buena base de aprendizaje, si lo deja, no tiene perdón.
Mañana la espero a la misma hora. Si no quiere venir, no pasa nada." Ya suponeis que volví y que saqué el carnet...a la segunda, porque me olvidé de preparar los test...(mi profesor se llamaba José Antonio de la autoescuela "la Orensana").
Nunca más me rendí ante un reto.
Y la vida en Paradela es un reto permanente: mis labores del campo comenzaron porque queriendo contratar a un hombre para que me trabajara, a pesar de pagarle más de lo normal, no cumplían jamás su palabra y "mañana" siempre era "mañana". Hasta que me dije "y si yo..."
Y me compré una fresa manual. Mi primera herramienta seria...A ella le siguieron las desbrozadoras, las motosierras, el tractor, la segadora... Porque primero intentaba contratar a alguien y cuando no cumplían su compromiso conmigo yo me decía "Y si yo..."