Es curioso: nombres que llevamos aquí en España como comunes, suenan diferentes en América.
Y lo digo porque varias personas me han dicho que tengo un hermoso nombre que incluye a la Madre y el Hijo.
Ni me lo había planteado. Llevo tanto tiempo con él que forma parte de mi como un todo.
De pequeña, fuí María; también lo era mi hermana mayor y ante la llamada, según como sonara, acudíamos las dos o ninguna. Luego, para la familia, fuí, para siempre, Mariajesús; aunque, para mi hermana la mayor, a veces soy mihermana y otras veces queridahermana (porque me escribe cartas, que manda por correo, como se hacía antes y a mi me encanta).
Para la mayoría de la gente soy Chus, que, por cierto, no me gusta nada, nada. (Pero me aguanto). Para la gente de la aldea soy "a mariajesús" o "a dos cabalos".
Tuve un novio que me llamaba "silbidito", por mi físico de entonces. Hoy tendría que llamarme solbodoto, porque aunque mi barriguita me hace feliz, evitentemente me separó de la i radicalmente.
Pero, ay, ahora me he acostumbrado a ser llamada de otra forma: cuando aparco el coche oigo
Hijiji (es el Chispa) y seguido y más profundo Hujuju ( es el Cuco) siempre digo "ya voy"...pero aún tardo, porque dentro de la casa, Perdy me llama a saltos sobre sus patas traseras y Koro me llama a ritmo de rabazos contra la puerta...
¿necesito deciros que esos nombres me encantan?
martes, 10 de noviembre de 2009
domingo, 8 de noviembre de 2009
Fitosanitarios
Durante estas dos pasadas semanas, he hecho un curso de "aplicadora de fitosanitarios", porque sabeis que hay una ley que obliga a tener carnet para poder envenenar la tierra.
Yo hice el curso, en primer lugar para saber por qué no debo usar "plaguicidas". En segundo lugar para saber si realmente ese curso significaba que los gobiernos se han dado cuenta del daño que estamos haciendo y querían mentalizarnos de que todo lo que acaba en -cida significa matar:matar la hierba, matar los hongos, matar los insectos...Pero no. Solamente nos han dicho que tengamos en cuenta que cada vez que usamos algo de eso, usamos un veneno y hay que protegerse: trajes, gafas, botas, guantes, mascarillas...
Y comprobé que me miraban como si yo estuviera loca. ¿Qué hacía allí, una mujer con estudios? Si ellos se vieran en mi piel, no se acercarían a los cultivos para nada...
Cada día quise decirles que nos había engañado el antiguo testamento, que no hay un castigo en la tierra, que ganar el pan con sudor es falso, que Caín no estaba maldecido por ser agricultor.
Cada día quise decirles que hay que amar la tierra para que nos ame. Que el fruto nace del trabajo amoroso, no del sudor, aunque el sudor fertilice la tierra; que el trabajo del agricultor es el más digno, el más hermoso, el que nos permite echar raíces y permanecer en un espacio para siempre. Si así no fuera, tendríamos que ser pastores, cambiando de pasto en pasto, con una tienda de campaña.
Es el agricultor el que permite que el pastor permanezca, porque la hierba solo sabe cultivarla el agricultor.
Nadie puede vivir sin el agricultor. Él es el núcleo, él es el origen, él es la raíz, él es la vida.
Él es el sembrador y la semilla.
Sin él nada podría sobrevivir.
Y, el día que todos lo entendamos, ya no habrá que hacer campañas ecologistas.
Yo hice el curso, en primer lugar para saber por qué no debo usar "plaguicidas". En segundo lugar para saber si realmente ese curso significaba que los gobiernos se han dado cuenta del daño que estamos haciendo y querían mentalizarnos de que todo lo que acaba en -cida significa matar:matar la hierba, matar los hongos, matar los insectos...Pero no. Solamente nos han dicho que tengamos en cuenta que cada vez que usamos algo de eso, usamos un veneno y hay que protegerse: trajes, gafas, botas, guantes, mascarillas...
Y comprobé que me miraban como si yo estuviera loca. ¿Qué hacía allí, una mujer con estudios? Si ellos se vieran en mi piel, no se acercarían a los cultivos para nada...
Cada día quise decirles que nos había engañado el antiguo testamento, que no hay un castigo en la tierra, que ganar el pan con sudor es falso, que Caín no estaba maldecido por ser agricultor.
Cada día quise decirles que hay que amar la tierra para que nos ame. Que el fruto nace del trabajo amoroso, no del sudor, aunque el sudor fertilice la tierra; que el trabajo del agricultor es el más digno, el más hermoso, el que nos permite echar raíces y permanecer en un espacio para siempre. Si así no fuera, tendríamos que ser pastores, cambiando de pasto en pasto, con una tienda de campaña.
Es el agricultor el que permite que el pastor permanezca, porque la hierba solo sabe cultivarla el agricultor.
Nadie puede vivir sin el agricultor. Él es el núcleo, él es el origen, él es la raíz, él es la vida.
Él es el sembrador y la semilla.
Sin él nada podría sobrevivir.
Y, el día que todos lo entendamos, ya no habrá que hacer campañas ecologistas.
viernes, 6 de noviembre de 2009
Ideas peregrinas (II)
Queridos todos: Esta es una respuesta generalizada, porque tengo la impresión de que no me estais tomando en serio. Podeis estar seguros, absolutamente seguros de que deslizarme por el pasamanos de la Ópera de París no está descartado. Para nada.
Nacho sí lo ha entendido. Y se ofrece para quedarse en Paradela.
Si un día me paro a decidirlo, porque la idea ha poblado mi cabeza por completo, el primer escollo está salvado gracias a él. El siguiente paso sería decidir la fecha y tendría que ser cuando a ellos,
Nacho y Sonia, les fuese menos gravoso ; yo nunca pedí un permiso en el trabajo y nunca me podrían negar el que pidiese (máxime explicando el motivo, tan propio de mi forma de entender la vida y que daría tema para todo el año de conversaciones).
Evidentemente, iría en coche: me encanta conducir y ser independiente; parar por el camino, reemprender la marcha según pida el cuerpo, etc.
(El avión es para viajes con prisas, horarios, negocios, reuniones...)
París, taxista delante, directa a la Ópera. Buscaría un garaje, por si acaso.
Opciones:
1.- Contratar a cualquiera que durante la visita hiciera saltar las alarmas
2.-Buscar a un vigilante corrupto que por un módico o no tan módico precio sepa hacer la vista gorda.
3.-Subirme directamente y deslizarme. Si alguien se acerca, amenazar con tirarme por el lado contrario.
Esta tercera opción es el motivo por el que tendría el coche en el garaje: nunca se sabe cuánto vas a tardar en salir de la comisaría, pero me daría igual.
4.-Llorar amargamente. Si el vigilante es hombre, no podría soportarlo.
Tengo más opciones y también sé actuar sobre la marcha.
Comprendo que Antonio, que no me conoce, diga que tengo sentido del humor. Pero tu, mihermana, querida hermanamía mayor...tu que me has visto sentada delante de una puerta cerrada diciendo "se va a abrir y va a entrar", sin rendirme nunca, aunque la puerta no se abría porque nuestro padre estaba muerto y ya no podía volver a entrar por ella, que era lo que yo esperaba; tu que me viste inventar el sistema de no irle a los recados a la vecina sin ofenderla; tu que me has visto saludar a Don Manolo sin hacerlo, pero quedando como una niña educadísima; precisamente tu a quien yo era capaz de convencer de que no era tu hermana ("mírame a los ojos,¿piensas que yo soy tu hermana?")tu, tu, dudando...
Pues, te lo digo, hay otra frase que me acompaña desde hace mucho. No sé quien la dijo, pero me la apropié: "lo hicieron porque no sabían que era imposible".
Yo, primero lo hago. Después me pregunto si puedo hacerlo.
Nacho sí lo ha entendido. Y se ofrece para quedarse en Paradela.
Si un día me paro a decidirlo, porque la idea ha poblado mi cabeza por completo, el primer escollo está salvado gracias a él. El siguiente paso sería decidir la fecha y tendría que ser cuando a ellos,
Nacho y Sonia, les fuese menos gravoso ; yo nunca pedí un permiso en el trabajo y nunca me podrían negar el que pidiese (máxime explicando el motivo, tan propio de mi forma de entender la vida y que daría tema para todo el año de conversaciones).
Evidentemente, iría en coche: me encanta conducir y ser independiente; parar por el camino, reemprender la marcha según pida el cuerpo, etc.
(El avión es para viajes con prisas, horarios, negocios, reuniones...)
París, taxista delante, directa a la Ópera. Buscaría un garaje, por si acaso.
Opciones:
1.- Contratar a cualquiera que durante la visita hiciera saltar las alarmas
2.-Buscar a un vigilante corrupto que por un módico o no tan módico precio sepa hacer la vista gorda.
3.-Subirme directamente y deslizarme. Si alguien se acerca, amenazar con tirarme por el lado contrario.
Esta tercera opción es el motivo por el que tendría el coche en el garaje: nunca se sabe cuánto vas a tardar en salir de la comisaría, pero me daría igual.
4.-Llorar amargamente. Si el vigilante es hombre, no podría soportarlo.
Tengo más opciones y también sé actuar sobre la marcha.
Comprendo que Antonio, que no me conoce, diga que tengo sentido del humor. Pero tu, mihermana, querida hermanamía mayor...tu que me has visto sentada delante de una puerta cerrada diciendo "se va a abrir y va a entrar", sin rendirme nunca, aunque la puerta no se abría porque nuestro padre estaba muerto y ya no podía volver a entrar por ella, que era lo que yo esperaba; tu que me viste inventar el sistema de no irle a los recados a la vecina sin ofenderla; tu que me has visto saludar a Don Manolo sin hacerlo, pero quedando como una niña educadísima; precisamente tu a quien yo era capaz de convencer de que no era tu hermana ("mírame a los ojos,¿piensas que yo soy tu hermana?")tu, tu, dudando...
Pues, te lo digo, hay otra frase que me acompaña desde hace mucho. No sé quien la dijo, pero me la apropié: "lo hicieron porque no sabían que era imposible".
Yo, primero lo hago. Después me pregunto si puedo hacerlo.
jueves, 5 de noviembre de 2009
Ideas peregrinas
Mi hermana la mayor, cuando era adolescente escribió en una tabla que había en mi casa de Xinzo, una frase que decía "Me gustan las ideas peregrinas que caminan por mi mente sin dejar huella". Y tanta huella dejó en mi su frase que hace 55 años que vivo con ella.
Esa misma hermana mayor me recordará deslizándome por el pasamanos de aquella casa, para llegar rápido al portal. Aquel mismo pasamanos que, a los seis años me empujó hacia abajo y el pedal de la bicicleta casi me arranca el brazo derecho. Y aún me lo recuerda el costurón de la axila.
(Tengo el cuerpo lleno de cicatrices, que recuerdan una infancia traviesa, dolorosa y divertida).
A veces, viendo programas del tipo callejeros, pienso que yo podía estar ahí: siendo una vagabunda o una drogadicta. Quizá ambas cosas. A veces tuve en el bolsillo todas las papeletas de ese sorteo.
Me salvó mi positivismo.
Mi hermana mayor me mandó el otro día un mail sobre la Ópera de París. Asistí arrobada al espectáculo: grandiosidad arquitectónica, riqueza espacial, sonoridad inmejorable, ambientación única, magnanimidad material. Todo, luz, calor, detalle. Nada le falta.
Con una sola de aquellas arañas podría decorar toda la aldea. Con aquellos mármoles, con aquellas escalinatas, con aquello...Los ojos, como platos.
Llegó de repente la idea peregrina: ¡Qué lástima, nunca podré cabalgar ese pasamanos!...
¿quién dijo que no? Cualquier día le digo a Nacho y Sonia, o a Abel y Rita o a Uxía y Guille que vengan a vivir una semana a Paradela, para encerrar y soltar a mis animales. Cojo el coche y me voy a París. Cuando yo quiera. Lo sé
Y, si no lo hiciera será porque he elegido no hacerlo. También lo sé.
Esa misma hermana mayor me recordará deslizándome por el pasamanos de aquella casa, para llegar rápido al portal. Aquel mismo pasamanos que, a los seis años me empujó hacia abajo y el pedal de la bicicleta casi me arranca el brazo derecho. Y aún me lo recuerda el costurón de la axila.
(Tengo el cuerpo lleno de cicatrices, que recuerdan una infancia traviesa, dolorosa y divertida).
A veces, viendo programas del tipo callejeros, pienso que yo podía estar ahí: siendo una vagabunda o una drogadicta. Quizá ambas cosas. A veces tuve en el bolsillo todas las papeletas de ese sorteo.
Me salvó mi positivismo.
Mi hermana mayor me mandó el otro día un mail sobre la Ópera de París. Asistí arrobada al espectáculo: grandiosidad arquitectónica, riqueza espacial, sonoridad inmejorable, ambientación única, magnanimidad material. Todo, luz, calor, detalle. Nada le falta.
Con una sola de aquellas arañas podría decorar toda la aldea. Con aquellos mármoles, con aquellas escalinatas, con aquello...Los ojos, como platos.
Llegó de repente la idea peregrina: ¡Qué lástima, nunca podré cabalgar ese pasamanos!...
¿quién dijo que no? Cualquier día le digo a Nacho y Sonia, o a Abel y Rita o a Uxía y Guille que vengan a vivir una semana a Paradela, para encerrar y soltar a mis animales. Cojo el coche y me voy a París. Cuando yo quiera. Lo sé
Y, si no lo hiciera será porque he elegido no hacerlo. También lo sé.
martes, 3 de noviembre de 2009
Los nombres de las cosas
Cuando ponemos nombre a algo, le estamos dando entidad propia, incluso personalidad.
¿Quién se atreve a comerse algo con nombre?
Yo tuve varias Ocas. Todas tuvieron nombre: Ocaso, Ocarina, L'oquita, l'oquito y TanOka.
Eran preciosas. Pero verdaderamente fieras y creo que a esa fiereza debieron su paso a la otra vida: les daba igual enfrentarse a un perro que a un zorro. La primera en morir fue Ocaso y nunca me perdoné haberle puesto semejante nombre, parecía una premonición... La última fue TanOka, que debió su nombre no solo a que era tan oca como las otras, sino a que por entonces había un jugador de baloncesto conocido por ese nombre.
Cuando llegaron, me seguían a todas partes, como si yo fuese su madre; tuve que inventar mil artimañas, para que no se sintieran abandonadas: me escondía detrás de un árbol y permanecían pegadas a él todo el tiempo que hiciera falta...a veces tenía que esperar a que anocheciera para irme. Hasta que descubrí que les encantaban las sillas y se las puse por todos lados. (ya conté el año pasado la historia de las sillas, no recuerdo en qué entrada).
Bueno, mi manía de bautizar, no es solamente con los animales. Tengo dos habitaciones con nombre propio: el casino (una habitación de 100metros cuadrados donde hay todo tipo de juegos) y la república. La república es un espacio libre, al que se puede acceder por la casa pero también por fuera de ella.
Y hoy a la mañana pensaba yo en lo maravilloso que sería que todos mis comentaristas vinieran un día a paradela y comiéramos y charláramos cara a cara en el casino...
Ahí os queda. Y va en serio.
¿Quién se atreve a comerse algo con nombre?
Yo tuve varias Ocas. Todas tuvieron nombre: Ocaso, Ocarina, L'oquita, l'oquito y TanOka.
Eran preciosas. Pero verdaderamente fieras y creo que a esa fiereza debieron su paso a la otra vida: les daba igual enfrentarse a un perro que a un zorro. La primera en morir fue Ocaso y nunca me perdoné haberle puesto semejante nombre, parecía una premonición... La última fue TanOka, que debió su nombre no solo a que era tan oca como las otras, sino a que por entonces había un jugador de baloncesto conocido por ese nombre.
Cuando llegaron, me seguían a todas partes, como si yo fuese su madre; tuve que inventar mil artimañas, para que no se sintieran abandonadas: me escondía detrás de un árbol y permanecían pegadas a él todo el tiempo que hiciera falta...a veces tenía que esperar a que anocheciera para irme. Hasta que descubrí que les encantaban las sillas y se las puse por todos lados. (ya conté el año pasado la historia de las sillas, no recuerdo en qué entrada).
Bueno, mi manía de bautizar, no es solamente con los animales. Tengo dos habitaciones con nombre propio: el casino (una habitación de 100metros cuadrados donde hay todo tipo de juegos) y la república. La república es un espacio libre, al que se puede acceder por la casa pero también por fuera de ella.
Y hoy a la mañana pensaba yo en lo maravilloso que sería que todos mis comentaristas vinieran un día a paradela y comiéramos y charláramos cara a cara en el casino...
Ahí os queda. Y va en serio.
lunes, 2 de noviembre de 2009
Domingo de lluvia
Ayer anduve toda la mañana de viaje. No fuí lejos, que va. El lugar era a veinte kilómetros de aquí.
Pero yo hice un viaje al fin del mundo...
A un fin del mundo precioso al que se llega por carreteras perdidas en el medio del monte.
En cada pueblecito preguntaba y me volvía a meter en el paisaje: carreteras solitarias, estrechitas, para un solo coche. Con árboles de cientos de años, cargados de castañas y, seguramente, de recuerdos de otros mundos.
Ni un solo coche cruzándose. Los limpia parabrisas volviéndose locos, sin conseguir su cometido.
Un poso de miedo en el fondo del corazón...si tengo una avería, yo que soy antimóvil, me quedo un mes allí.
Y un poso de decisión, una necesidad de aventura, una sonrisa, allá, donde habitan las ideas peregrinas.
Las yeguas que me esperaban, merecían la pena...
sábado, 31 de octubre de 2009
Las calabazas
Hoy por la mañana, me han dado calabazas.
Bueno, no exactamente: hoy por la mañana òscar me mandó a leerle poemas a los árboles.
Para ser obedecido siempre, el truco consiste en mandar aquello que los demás desean hacer. Y me fuí a leerles a mis aldeanitos poemas sobre cosas de las que nunca hubieran oído hablar. Me fuí con un librito que me regaló Elvira, una compañera de instituto, de sonetos de Joaquín Sabina. Un poeta urbano podía ser un bombazo para ellos.
Aparte de los manzanos, lo que tengo más cerca son los dos nogales y allá me fuí.
Abro el libro y escucho:
-Eh, tu, Cenicienta (ya sabeis que tengo que limpiar la chimenea francesa) ¿ en qué piensas ir al baile del príncipe?
Entonces me dí cuenta de que las calabazas se recogen en estas fechas... adiós poemas.
Empecé de mala gana.
No era un trabajo nada prometedor : muchas, pequeñas, hay que andar inclinado, otras grandísimas, pesadas, hay que llevarlas al balcón una por una...
Hasta que la descubrí: pequeñita, viva, diferente, hermosa.
Me alegró la mañana.
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