martes, 8 de diciembre de 2009

Inducir a error






















Supongo que, aún sin quererlo, os estoy induciendo a un grave error: que creais que esta vida que llevo es poética a más no poder...






Nada más lejos de la realidad. Eso será evidente para todos los que viven la vida del campo, en su totalidad.





No hablo de la gente que se hizo un chalet en la aldea. Hablo de los que han adoptado el rural como forma de vida. Siguiendo los ciclos de la naturaleza, sembrando y recolectando; aprovechando a los animales para el sustento cotidiano; recogiendo y cuidando los frutos durante todo su proceso; deshaciéndonos de lo que no vale (a esa naranjita rara la voy a indultar) y mimando aquello que promete tener un especial sabor. El pragmatismo no deja espacio para romanticismos.


Y, cuando yo digo que voy a pintar, no hablo de una paleta y unos pinceles de pintor: hablo de una cubeta y una brocha gorda...

Y ahí, colgando, los chorizos que preparé ayer, para ir haciendo boca...con su fueguito, para que se vayan curando...

Y, esos limones son el tirón de orejas que hoy me dió mi limonero:

Seguramente habreis oído hablar de que, cuando un árbol no da frutos, hay dos sistemas (lógicos) que dan resultado: uno de ellos es colgarle pesos en las ramas, con lo que la savia baja a las puntas y dan fruto en ellas (este mismo proceso lo realiza la naturaleza de forma natural simplemente dando fruto, que hace que las ramas se inclinen hacia el suelo); el otro, pegándole al árbol, lo que también estimula la circulación de la savia. (Ambos sistemas se utilizan desde siempre, aunque la gente no supiera los motivos y consideraba que era "la respuesta al castigo").

Pero, seguramente también habeis oído comentar de que a las plantas hay que hablarles.

Eso hice yo; el limonero llevaba una año sin producir; me acerqué despacito y le dije "mira, filliño, en esta casa, el que no trabaja no come. Quedas avisado : si no produces, te corto por el pié".

Hoy por la mañana, delante de mi cara, en el suelo, estaban esos dos limones y colgando, tres o cuatro... el limonero sabe que cumplo mi palabra...