
Comentaban ayer en mi post María (hablando del envasado del orégano), Anna (hablando de su triturado) y la Abuela Ciber (disfrutándolo en tostadas con aceite de oliva).
Yo ni lo envaso, ni lo trituro ni lo tomo en tostadas: lo pongo en ramilletes,

después de seleccionarlo,

echo en un tarro las flores que no tienen rabo

y, el resto lo cuelgo a la sombra,

en la bodega, para repartir, cuando está seco, con los que me lo piden...

Y, como la naturaleza tiene sus tiempos, algún día os mostré las flores de quiwi, que han dado lugar a esos frutos

y a esos. Estarán en su punto a finales de octubre.

A esos melocotones les faltan, como mucho, quince días.

Esas eran Mila, Lola y Sole. Lola se fué con Pilar, que se encaprichó por ella,

Mila ha cambiado de sitio, para dejarle el suyo a Sole,

que se había quedado en casa de mi hermana y estaba raquítica. Ha venido a reponerse con los aires aldeanos y, aunque algo a mejorado, la diferencia con su hermana es tanta que llevo una semana hablándole... (incluso le he cantado, a ver si funciona).