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martes, 30 de marzo de 2010

Mi abuela (foto de 1913-mi madre y mis abuelos)


Cada día me acuerdo más de mi abuela.

Hace ya más de cuarenta años que murió, pero según me voy haciendo más mayor, voy comprendiendo cosas que ella me decía y no comprendía entonces.

Recuerdo, por ejemplo, que andaba yo, siendo niña, con mi "La cabaña del tío Tom" leyendo y llorando...solamente dejaba de leer para sonarme y secarme las lágrimas que me impedían ver.

Y mi abuela me dijo: "Pero, mujer, ¿por qué tienes que leer un libro que te hace sufrir tanto?".


Ahora comparto su idea: ya no veo películas que me hagan sufrir, no leo novelas escabrosas, no quiero ver matanzas de animales, ni maltratos, ni sufrimientos ajenos. No quiero verlos si no está en mi mano el poder evitarlos.


Y no comprendo tampoco la necesidad generalizada de parar a ver un accidente: si está atendido, sigo mi camino.


El otro día leí en un blog una historia terrible titulada "El principio del odio". Tan maravillosamente contada, con tanto realismo que lleva cuatro días haciéndome sufrir. Y, desde entonces, pienso cada día "Cuánta razón tenía la abuela".

miércoles, 10 de septiembre de 2008

El recorrido

Vengo de hacer un recorrido por los blogs.
Y, desde ayer, he añadido a mi lista un puñadito nuevo. Porque, después de mucho buscar, encontré el blog de una persona a la que quiero mucho y a la que, por circunstancias de su vida, perdí de vista hace tiempo. Pero está presente en mi corazón y en mi memoria por tantas cosas compartidas. El blog es "gradicela", que significa Estrella de Mar, en gallego. Y, por aquello de que en un tiempo compartimos cosas, me puse a pasear los blogs que ella tiene anotados y con los que disfruta...Encontré muchos muy interesantes, pero uno, especialmente, me llenó de alegría, porque es de un conocido común y, en un tiempo, de alguna forma, compartido. Y eso, me llenó el día, francamente, me hizo feliz. (Hubo otro motivo para ser feliz ayer: volví a tener carta, parece que mi hermana la mayor esta decidida a cumplir con su parte del compromiso: Ella me escribe, yo la llamo por teléfono). (Tengo la buena costumbre de pararme de vez en cuando, durante el día, y preguntarme por qué puedo estar feliz, para evitar lo que todo el mundo hace: solo sienten que eran felices cuando ya no lo son . Qué feliz era cuando estaba sana, cuando estaba acompañada, cuando vivía tal o cual, cuando me quería cual o tal. Ahora yo, soy capaz de ser feliz cuando hace buen tiempo, por el solcito y cuando hace malo porque me permite encender la chimenea. Probad.)
Homenaje a mi hermana la mayor:
Yo, cuando era niña, era muy sinvergüenza. En mi disculpa he de decir que, ocupando el número 4, entre los hermanos, o despiertas o te despiertan, que antes no había acoso ni malos tratos por parte de hermanos...Pues yo era sinvergüenza, pero ella era, ya os lo dije, una infeliz.
Se empeñó en ser independiente y tener una habitación alejada de todas las demás y para ella se fué, pero, para llegar allá, necesitaba compañía porque tenía un miedo cerval. Entonces me decía: "Si vienes conmigo hasta mi habitación, te doy 10 céntimos"y yo, que no soy nada interesada, allá iba. Pero la muy...cuando llegábamos me decía: "ahora, como ya no tengo miedo, no te doy nada"
Ay, amigos, ahí entraba mi faceta trágica...Le decía "Mírame a los ojos, sí, mírame bien a los ojos ¿tu crees que yo soy tu hermana? mírame, yo no soy tu hermana " antes de que yo siguiera con mi mirada feroz y la voz de loca, me decía "sí, sí, te doy una peseta, te doy lo que quieras, marcha, marcha " (Pasmaos: ella tenía 18 años, yo 10).

martes, 9 de septiembre de 2008

Y, hoy, nuevamente," las niñas"

La maravilla de mi casa, es que, a pesar de ser mayores todos los hermanos, hay entre nosotros la misma relación que cuando éramos niños y eso permite que los vínculos estén siempre presentes. No sirve de nada ser primos, si los padres de esos primos ni siquiera se tratan. Quizás a esa relación ayuda, por un lado el haber quedado huérfanos muy pronto ( lo que nos hizo unirnos en la ausencia siempre presente), la insistencia de mi madre en que "teníamos que ayudarnos mucho unos a otros y, de forma definitiva, el hecho de ser mayoría de mujeres, porque la mujer siempre tira hacia su casa...

A lo que iba:

Mi padre era un loco de los coches. Cuando se murió, en el año 1954, tenía dos: una "rubia",( que se llamaba así porque la carrocería era de madera barnizada) y un "hanomag", un coche alemán, negro, que , después de su muerte, vendió mi madre (por 25.000 pesetas), al señor Benigno, un mecánico que tenía un taller en el que había muchos carteles curiosos (curiosos para mi , en aquel momento, por la facilidad para el malentendido). Aparte de los habituales de la época ("Prohibido hablar de religión y de política","no escupir","no blasfemar") había otros dos, que yo fundí en uno solo: "En caso de robo o incendio, la casa no responde. No se fía" Y asumí que no se fiaba de que el robo no lo pudiera hacer el mismísimo cliente...(Ahora "creo" que quería decir que había que pagar al contado).
Bueno, pues mi padre, además de amar lo coches, le gustaba usarlos.
Allá se iba, camino de Ourense, con mis hermanas mayores. La segunda se mareaba muchísimo y "Ay, ay, ay, ay, que cosa tan terrible es el mareo"...el que no lo haya sufrido, no puede ni imaginarse lo mal que se pasa...Y entre el pueblo donde vivíamos y Ourense, estaban las curvas de Allariz : tres o cuatro kilómetros de bajada en curva, por aquellas carreteras que, según las malas lenguas, diseñaba un burro, que evitaba la pendiente... Y mi hermana segunda le decía a mi padre:" Ay, papá, déjame bajar, que yo voy a pie y os espero abajo". (Y eso que aún no se había inventado el "papá no corras" ni el "gracias por no correr")

martes, 2 de septiembre de 2008

Porque ayer no dije nada

Se queja Jose Enrique de lo pacato de su biblioteca infantil, de la literatura de su infancia, cuando, de alguna forma ya había dejado de existir el Índice, que era una lista de todos los libros que estaban prohibidos por muy diferentes causas. Y, en ese índice estaba Rousseau, al lado de Víctor Hugo que tan pecaminoso era leer "El Emilio" como "Los Miserables". Pero, nosotros teníamos esos libros, quizás por ser hijos de un inquieto al que tanto le daba leer los mencionados como "La Perfecta casada" o las novelas del "Coyote".
Y me recuerdo a mi misma, con "los Miserables" escondido no sé dónde, porque pertenecía a las obras completas de autor, en unos libros de 25 por 40, que no había forma de esconder... Y me recuerdo, como todos los hermanos, consultando aquel diccionario de dos volúmenes que, si lo ponías derecho se abría siempre por la página de "madame Recamière", que llevaba un grandísimo escote y, paradójicamente no se abría por "la libertad guiando al pueblo", que llevaba los pechos al aire...
Mi hermana la mayor, que todo lo leía, en "El Emilio", en la portada había puesto "NO SE PUEDE LEER". Yo lo intenté muchas veces, por aquello de lo prohibido, pero llegué a la conclusión de que quería decir "Es imposible leerlo, no hay quién lo entienda."

viernes, 29 de agosto de 2008

Porque mañana está cerrado


He venido a la biblioteca, para acabar con la infancia, porque prefiero poder dedicarme más a los niños, la aldea, las ideas peregrinas, etc.

Y, quiero homenajear a Javier, mi compañero de los carnavales.
La foto es de otro momento en el que también coincidimos: José Luís Bobillo preparó una obra de teatro llamada "El príncipe que todo lo aprendió en los libros". Javier, en primera fila, a la derecha hacía el papel de Tonino, acompañante del príncipe. Yo, al fondo, harapienta hago el papel de vieja que lo ayuda a elegir "novia"; Del Río, ante mi, de ogro; Elisita Gelpi de su esposa; Juan Ramón de preceptor...Habíamos hecho un gran trabajo. Don Cesáreo, el cura, le dijo a mi madre que yo actuaba como María Guerrero (nunca había visto a María Guerrero)...Yo tenía una frase que me persiguió el resto de mi infancia: El príncipe creía que yo era un hada encantada en forma de vieja y me preguntaba cuánto tiempo duraría "el encanto" y yo, mirando al público decía "pobre joven, está loco"... Cuando luego en casa opinaba algo, siempre algún hermano me decía " pobre joven, está loco". Años después, fue sustituído por "quiere usted que la acompañe".
Pues Javier, un año se disfrazó conmigo. Con una vieja cámara de fotos, de las que medían 30 por 30, en un trípode, yo iba de fotógrafa de las ferias y él de ayudante, cepillando con un cepillo de la ropa a los clientes y acicalándolos convenientemente. Después, yo me metía bajo un trapo negro, simulaba hacer una foto y, al cabo de un minuto le dábamos al cliente unos dibujos que previamente habíamos hecho, todos pertenecientes a la fauna conocida: burros, cerdos, vacas,etc
Y bien que nos hicieron correr algunos...
Aquello debió de ser bastante sonado, porque, pasados muchos años, yo fuí a visitar al suegro de mi hermana, que estaba un poco pachucho e incluso no conocía a algunas personas, pero cuando me vió a mi, se le encogieron aquellos ojos pillos que tenía y me dijo "Viva el carnaval" y los míos se llenaron de lágrimas (aún se llenan hoy).
Cuando ya era un poco más mayor, apareció la siguiente frase de mi infancia:
Nosotros estábamos suscritos al Faro de Vigo, del que mi padre había sido corresponsal hasta su muerte, en el 54. Por aquel entonces, uno de los colaboradores habituales era Don José María Castroviejo, que escribía muy bien, pero sus historias eran, a veces, terribles.
Mi hermana mayor las leía en alto para todos, (gracias a Dios no había televisión y se vivía más en familia) y un día nos leyó que el Anticristo había llegado a Cangas, había hecho autoestop a un señor que iba en una moto; el señor lo llevó y, al llegar a casa el pasajero no estaba, pero sobre la chaqueta, donde había apoyado las manos, quedaran sus huellas en sangre...Yo tendría once, como mucho, doce años.
Y después de dar vueltas y más vueltas en la cama llamé "mamá" "Qué" ¿"me dejas ir para tu cama? "Bueno". Para llegar a la habitación de mi madre, tenía que pasar por delante de la de mi abuela y ella me vió. Al día siguiente me dijo "¿como ibas ayer tan derechita, sin mirar a ningún lado?" y yo le dije, "Ay, abuela, me parecía que si miraba a algún lado el anticristo me iba a decir, ¿quiere usted que la acompañe?¿quiere usted que le encienda la luz?".

Xinzo da Limia

De repente, todos hemos abierto la caja de Pandora...

Y no sé si quien siembra vientos recoge tempestades, lo que si sé es que han empezado a salir, a borbotones en algunos casos y en otros " a dentelladas secas y calientes" como decía Miguel Hernández, las infancias, los paraísos perdidos, las Ítacas abandonadas sin querer...Y, ahora, hay que "roelo", como en un tiempo dijeron del equipo de fútbol de Pontevedra.

"Al andar se hace camino y al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar"

Algun@s solamente recordarán cómo eran los zapatos que llevaban, o, si los llevaban; otros recordaremos la chocolatada a la que non condujo aquel camino y lo bien que lo pasamos; otros, los más, sin darnos cuenta, inventaremos un camino nuevo, que la memoria se va manipulando a nuestro antojo, según nuestro deseo y nuestra necesidad.

Y, mi camino, en mi infancia, me llevaba a Pénjamo, que era la letra de una canción en una película mexicana. Teníamos una vecina que, simplemente por hablar, siempre nos preguntaba ( a todos los niños de la casa) "¿ a dónde vas? ¿ de donde vienes?" y a nosotros nos molestaba su curiosidad ( hoy creo que no lo era), pero siempre contestábamos la verdad. Hasta que pusieron la película y mi respuesta siempre era " a Pénjamo" "de Pénjamo" y, claro, lo conté en casa. Desde aquel día, la buena señora perdió su nombre para pasar a llamarse "la de Pénjamo"...y dejó de preguntar, seguramente imaginando que había alguna neurona averiada en mi cabecita.

Es posible que la hubiera.

Recuerdo de aquel pueblo anécdotas maravillosas, como la del señor Ramón que se disfrazó de fantasma para asustar en la "canella" a Angelita (creo) y, cuando creyó que ella ya no lo veía, emprendió el camino de vuelta a su casa, sin darse cuenta deque por sus andares era facilmente reconocible, porque era cojo ( como diría Luis Corona era "vintenove- trinta", genial descripción del ritmo de los cojos) y la asustada lo corrió a pedradas.

Aquel señor Ramón era famoso, porque era muy bromista. En otra ocasión le mandó a otro vecino que tenía muchas ganas de tener un hijo varón, una pieza de tela de mahón, cuando lo que nació fue una preciosa niña (los pantalones de mahón eran masculinos), broma que le devolvió el embromado, que era tan ocurrente como él, cuando nació su primera nieta:
le envió una jaula llena de excrementos, haciendo alusión al mote del señor Ramón ( que no viene al caso).
Recuerdo que se contaba que la mujer de un señor que se llamaba Primo y tenía una fábrica de gaseosas siempre se quejaba porque el marido hacía también refrescos diciéndole :" ay, Primo, eso dos refrescos eche unha fantasía : sálennos a tres pesetas e vendémolos a duas cincuenta"
Por no hablar de Maragón, otro simpático.
Alguien de Xinzo debería recopilar aquellas historias, para que no queden solamente en la memoria de gente como yo. Porque pienso que ya se habrán muerto, tanto el señor Ramón ( que ya era mayor cuando yo era niña); como Angelita, que nos enseñó a hacer labores; como Primo y su señora, en estos tiempos de coca cola y refrescos enlatados.
Y recuerdo unos carnavales increíbles, cuando estaban prohibidos en toda España:
En el medio de la plaza, un "spunik", en el principio de la era espacial...
Pero, los carnavales, merecen capítulo aparte.

jueves, 28 de agosto de 2008

Y después,yo

La cuentista me pregunta si la imaginación es cuestión de trabajo o nace con uno.
Yo creo que ambas cosas son precisas, pero que" lo que la naturaleza no da no lo presta Salamanca".
Y me remito a mi infancia, de la que tu no recordarás mucho, porque estabas demasiado ocupada en tu adolescencia. Pero, seguramente, al contártelas, te suenen de nuevo, las cosas que yo inventaba en mi imaginación de enana.
Tuvimos la suerte de ser pequeñas en un pueblo, donde todos nos conocíamos y del que salieron preclaras cabezas, famosas hoy en este país nuestro ( nuestro pequeño país gallego) y sirvan como ejemplo la mujer más importante del panorama político gallego, por aquel entonces Mariloli Villarino, (que ya tenía madera de lider y a quién seguíamos saltando de piedra en piedra en las crecidas del río Limia, que rodeaba la academia donde estudiábamos y donde aprovechábamos el recreo en esos menesteres. Y me pregunto cómo estaríamos en clase, mojadas como sopas, después de haber tropezado y caído un par de veces, pero, ni un catarro...), y Carlos Casares, que tantos y tan buenos ratos nos hace y hará pasar con sus historias y con el que compartimos chichones y misas en el coche de su tío y en el desván de nuestra casa.
Nuestros vecinos más cercanos eran los Romero (todavía me emociona hablar de ellos) y el secretario y su señora ( por cierto, abuela de Mariloli).
La señora vivía con su hija Gena, a quién yo no se calcular la edad, porque para mi, entonces, solo había mayores y pequeños. Ella era, simplemente, mayor. Su madre, cada vez que nos veía pasar, nos decía si le podíamos ir a cualquier recado ( al pan, que estaba a diez metros y recados así, de escasa importancia, pero que a nosotros no nos hacía ninguna gracia). Utilizábamos mil tretas, para evitarlo, pero, una y otra vez, hacíamos el recado consabido, entre otras cosas porque antes, cualquier mayor mandaba en cualquier niño.
Yo descubrí el truco para no hacer recados: Ella estaba detrás de la ventana y solamente veía a los que pasaban por enfrente... yo pasaba por debajo de la ventana, por la cuneta (solo había acera por delante de Don Pepe).
Y, un día me dijo mamá :" me dijo Don Manolo que eres una niña muy educada, que siempre que pasas, le das los buenos días y las buenas tardes" y yo le dije :" no hagas caso, mamá, yo nunca le digo nada; como él está sordo, solo muevo los labios".

Castigo de Dios. Hoy nuestra madre está sorda como una puerta (de dos hojas) y yo como otra puerta (de una)